El inicio de un proyecto siempre será un sueño, un plan metódicamente organizado desde nuestros pensamientos con resultados previamente visibles, un éxito seguro y un capital que nos ayudará a ser mejor que nuestra competencia. Nuestros clientes amarán nuestro negocio y lo mejor de todo, al ser los dueños únicos tendremos una flexibilidad que cualquiera envidiaría y como somos los pioneros, nuestras ideas siempre serán las mejores.
¿Aún sigues imaginando tu maravilloso cuento de hadas?
Suena muy bonito, la realidad es completamente diferente más no alejada si se tiene la suficiente disciplina, paciencia, resiliencia y perseverancia de tomar este reto como una gran experiencia a la que efectivamente puede tener un futuro maravilloso o ser todo lo contrario, todo puede suceder, nada pierde uno averiguando si su maravillosa idea con el paso del tiempo puede ser un gran éxito.
Y justamente ese es el primer paso, debes creértela.
A pesar de la incertidumbre porque quizá no cuentas con los recursos necesarios o porque no tienes alguien que te pueda guiar. Hay que pasar las imágenes mentales en papel: escribirlas, analizarlas, identificar pros y contras, estudiar a la competencia, conocer a los posibles clientes y construir una idea mucho más clara.
Cuando llegue el momento de compartirlo con alguien, debemos ser lo suficientemente inteligente para definir quién será esa persona. Porque, así como puede convertirse en un gran apoyo, también puede llegar a ser brutalmente negativa.
Hay que estar preparado para responder las interrogantes que seguramente surgirán y, sobre todo, saber defender tu proyecto. Porque si ante la primera piedra después del famoso “te lo dije” quiere abandonar el camino, probablemente todavía no estabas preparado para recorrerlo.
Detrás de cada decisión tomada habrá un poco de miedo y eso es normal porque le estás apostando a algo que aún no florece pero que imaginamos exitoso. La incertidumbre estará presente, la diferencia estará en que hacemos con ella. Puede convertirse en un diferenciador positivo siempre y cuando no permitamos nos haga dudar de propias decisiones en momentos claves.
Cuando aparece el “no se va a poder” es cuando debemos comenzar a buscar el ¿cómo sí?
Equivocarse es de humanos, pero reconocer un error también es parte del aprendizaje.
Creer en uno mismo es saber que, si caes, tienes la capacidad de levantarte, aprender y volver a intentarlo y esa confianza también se transmite.
Si queremos generar confianza en nuestro equipo de trabajo debes tomar acciones con propósitos definidos y demostrar nuestra capacidad de tomar las riendas del barco. La construcción del proyecto debe estar bien planificada y partir de expectativas reales. No confundamos ser positivo con ser realista.
Mantener una buena actitud es primordial, sin importar cuantos intentos sean necesarios para llevar a cabo para que el proyecto hacia dónde queremos. Cada intento debe dejar un aprendizaje para entender y mejorar cada parte del proyecto.
No solamente tu equipo pone a prueba tu confianza, hay que vender y por consecuencia el mercado al que te diriges también te dará retroalimentación. No siempre será lo que a ti te guste escuchar (o puede que sí), sin embargo, debes estar atento a cada palabra y/o respuesta de tus servicios, puede que de ahí se reajuste la estrategia o se refuerce el buen trabajo que se viene haciendo tiempo atrás. El mercado será el mejor juez que podremos tener, hay que tenerle mucho respeto, al final ellos serán nuestros clientes.
Hay que creer en uno mismo, no se vale titubear y huir a la primera, porque no todo siempre será positivo, más tampoco negativo, es solo guiar el barco por el camino correcto y poder usar todas esas experiencias para saber lo que no se debe hacer. También, debemos escuchar otros puntos de vista y tomar lo que si sirve. Por último, nuestras redes de apoyo son esenciales, depositar nuestra confianza en personas que conocemos bien, debemos aprender a leer a cada uno que quiere estar cerca de nosotros, que la información que les proporcionamos sea para apoyarnos, y no todo lo contrario.
Iniciar un proyecto es de valientes, hay que esforzarse diario por un sueño que para lograrse debes trabajar ello, no hay resultado exitoso sino se trabaja con las herramientas adecuadas y rendirse nunca será una opción, al final todo queda en un aprendizaje que te abre más puertas si sabes cómo usar lo aprendido.
Creer en uno mismo no significa estar seguro de que todo saldrá bien. Significa tener la convicción de intentarlo, la inteligencia para escuchar, la humildad para corregir y la fortaleza para volver a empezar.


















