En los programas donde colaboro me a tocado ver varias veces donde las pymes buscan ya profesionalizarse pero hubo un caso que se me grabó porque me solicitaron exactamente lo contrario… el dueño de la Pyme llego preguntándome como podía dar reversa a la profesionalización que había empezado.
El dueño de la empresa —vamos a llamarle Don Mario— me buscó para preguntarme cómo podía dar reversa a la profesionalización que había iniciado. Imagino que mi cara de asombro me traicionó, porque soltó la carcajada y me dijo:
“Ya sé, suena raro. Pero déjame te explico.”
Me contó que había fundado su empresa en los años 90, justo cuando las computadoras empezaban a invadir casas y oficinas. Encontró un nicho virgen: el de los reguladores de corriente eléctrica.
En aquel entonces (y todavía hoy) la calidad del suministro eléctrico era pésima. Y como los equipos de cómputo son muy sensibles a los cambios de voltaje, los reguladores eran obligatorios. Estamos hablando años antes de que las laptops con reguladores integrados fueran tan comunes como ahora.
El meollo de la historia es que inicio un negocio prospero, con crecimiento de ventas constantes, clientes internacionales y una cartera diversificada ya que desarrollaron diferentes productos relacionados con la energía, desde materias portátiles hasta unidades de respaldo energético inteligentes. Y en algún momento en una de esas sesiones de consejo sin protocolo le aconsejaron profesionalizar su negocio.
Así que contrataron a un director que venía de una transnacional. Buen currículum, MBA en el extranjero, dominio del Excel nivel Jedi.
En su primer mes rediseñó el organigrama. Puso jefaturas, subdirecciones, un Comité de Planeación Estratégica. Agregó dashboards, reportes semanales y nuevos formatos de requisición para “dar seguimiento a todo”.
En teoría, todo se veía más “ordenado”. En la práctica… la operación se desmoronó. Porque a los tres meses de la entrada del nuevo director, la operación era un caos.
Nadie sabía quién decidía qué. Las decisiones urgentes se atoraban “esperando el formato”. Los supervisores no podían mover nada sin autorización. Y Don Mario —con sus 30 años de intuición y la experiencia— se sentía completamente fuera de su propia empresa.
Lo que intentaron fue profesionalizar copiando un modelo que no era suyo. Un modelo que había funcionado en un contexto completamente distinto, con otra cultura, otra escala, otra lógica.
La cultura no se compra, se construye
Ésta es una trampa común: creer que ser profesional es hacer lo que hacen los grandes.Imitar sus formatos, sus estructuras, su lenguaje.
Pero profesionalizar no es importar prácticas de otro ecosistema. Es tener la madurez para diseñar lo que hoy necesita tu equipo, no lo que se ve bien en el papel. Porque hay cosas que no se pueden copiar:
• No puedes copiar el compromiso.
• No puedes copiar la intuición que nace del oficio.
• No puedes copiar una cultura organizacional que no construiste desde adentro.
Si metes estructuras sofisticadas sobre un terreno sin cimientos, lo único que logras es volver más frágil lo que ya tenías.
Para hacer que funcione hay que tomarse el tiempo para entender y observar cómo se toman las decisiones hoy. Tiempo para buscar y reconocer quién y como mueve la operación (aunque no tenga título). Sobretodo se necesita tiempo para identificar dónde hace falta estructura, y dónde la estructura estorba.
Funciona cuando dejas de copiar lo que hacen otros… y empiezas a diseñar lo que tu empresa necesita para funcionar mejor. Funciona cuando profesionalizas sin perder agilidad. Cuando enseñas a decidir, no solo a reportar. Cuando conectas los procesos con la realidad, no con la teoría.
Don Mario no estaba en contra de profesionalizarse. Lo que quería era recuperar el alma de su empresa. Y desde ahí, construir algo más claro, más sólido y más propio.
Quizá, profesionalizar no es llenar la empresa de formatos…sino de propósito. Porque al final, profesionalizar no es replicar formatos ni importar jerarquías. Es aprender a diseñar lo que tu empresa realmente necesita. Y eso exige algo más que conocimientos técnicos o estructuras copiadas: exige criterio, intuición, escucha, visión.
Habilidades que rara vez vienen en los manuales… pero que hacen toda la diferencia cuando lo técnico ya no alcanza.
Tal vez el siguiente paso no sea parecerte a una empresa grande. Sino convertirte en una empresa más consciente. Más conectada. Más capaz de integrar.
















