El 8M, no es un día que se pueda ignorar, está repleto de un sinfín de perspectivas tanto masculinas como femeninas que llegar a un acuerdo no será sencillo. Si es cierto que a las mujeres nos ha costado más lograr lo que nos propongamos dado que cargamos con una historia que data de siglos, más eso no significa que sea malo aclarando el punto, simplemente que era una manera diferente de ver las cosas en otras épocas y conforme el tiempo avanzó, todo revolucionó.
Refiriéndonos a los hechos que marcaron este movimiento no es algo de lo que se tiene orgullo alguno por lo violento que fue, y hay quien piensa que no debe de celebrarse ni felicitar. Es un hecho que todavía en pleno siglo XXI seguimos demostrando que somos capaces, aunque ya es algo demasiado evidente. Desgraciadamente, no podemos enterrar de un día para otro creencias y pensamientos que vienen cargados de historia, lo que si podemos hacer es dejar de victimizarnos, ver cómo está nuestro alrededor y trabajar en demostrar que si se puede tener una igualdad de género.
En este movimiento, no solo somos mujeres, también hay hombres que nos apoyan y nos ayudan a crecer. Las palabras que lo definen son infinitas y van desde la igualdad, autoconfianza, sabiduría, liderazgo, impulso, respeto, derechos, visibilidad, resiliencia, empatía, libertad, sororidad, creadoras de vida, amor propio, valentía, logros, empoderamiento, entre otras más.
El mundo ya sabe lo que pasó, las desigualdades son evidentes aún y sólo un pequeño porcentaje de mujeres ha sido capaz de levantar la voz, y no les fue fácil, aunque actúen como si lo fuera. Un gran porcentaje no sabe de todo lo que es capaz porque sigue creyendo que debe cumplir con ciertos roles y sacrificarse siempre será la mejor decisión, aunque ese es un tema de nunca acabar y eternamente debatible. ¿Saben que es lo irónico? Se supone que al ser mujeres entre nosotras deberíamos apoyarnos, tristemente a veces es otra mujer la que nos da la espalda y al empezar a ver que crecemos, nos baja de las escaleras para subirse ellas y tomar nuestro lugar.
No se trata de satanizar las ideas o acciones del pasado, ni tampoco de empoderar al punto de creerse invencibles y menos ignorar la desigualdad que si existe en muchos lados. Al final tanto hombres como mujeres tenemos las mismas habilidades para triunfar, las diferencias entre ambos son precisamente las mismas que pueden hacer que juntos podamos ser un gran equipo. Y, si como mujeres nos unimos, sería más fácil llegar a la cima juntas.
Cuando el talento tiene las mismas oportunidades, las empresas toman mejores decisiones y construyen mejores resultados.


















